Consideraciones sobre las elecciones partitocráticas en Cataluña

Cortes Catalanas según la miniatura de un incunable del siglo XV
A nau espatllada, la mar plana li és temporal. (Refrán de la Cataluña marinera)
La nave estropeada en política es el sistema, no sólo por ser partitocrático, sino por estar copado particularmente en Cataluña por una mafia mediática y financiera que nos lleva a una sociedad totalitaria sobre la base de un gran consenso de todos los partidos sobre temas esenciales.
Siempre ha resultado chocante que las elecciones partitocráticas se celebrasen en domingo. La realización de “tal alta labor ciudadana” nunca ha merecido la exención de acudir al trabajo en un día laboral, sino que han tenido que aprovechar fiestas religiosas para dichas convocatorias. La convocatoria de unas elecciones partitocráticas en el Principado de Cataluña, para su “parlamento autonómico” el día de Todos los Santos supone una desconsideración aún mayor hacia el calendario católico. Y es que los liberales no tienen Tradición. Como recordaba S.S. Benedicto XVI en el Encuentro Mundial de las Familias en Valencia la familia no son sólo los padres y los hijos, sino que transciende hasta los abuelos y hacía los que hoy no están. Es sintomático que se hayan atrevido a convocar elecciones partitocráticas en esta fecha, cuando la gente de bien va a rezar por los suyos y a velar la tierra en donde reposan.
Por eso la elevada abstención en estas circunstancias por tanto se somete a varias consideraciones:
1.- Desde hace una década es un tema recurrente en la ciencia política referirse a las insuficiencias de la representación partitocrática, al modo liberal. En las recientes elecciones catalanes ha sido un hecho: la participación ha bajado notablemente, situándose en un 56% mientras que los votos en blanco superan el 2% frente al 0´91% de las anteriores elecciones. Se señala que la gente no vota porque no se siente representada, porque los políticos no atienden a sus problemas reales. Nosotros queremos ir aún más lejos: no se trata sólo de una insuficiencia, sino de una aberración que la representación popular resida en los partidos políticos. Y en esto, los partidos políticos sedicentemente catalanes se regodean con particular repugnancia, usando sus mayorías parlamentarias, que son minorías populares, para hablar de forma iluminada “en nombre del pueblo catalán”. Por eso la elevada abstención es una buena medicina contra la mentira de los mismos: hoy Cataluña cada vez está más lejos de los políticos y ninguno puede arrogarse hablar en nombre de la misma.
2.- La política catalana cada vez depende menos de los partidos. En el parlamento catalán se sentarán 6 partidos políticos. Sustancialmente nada cambia entre ellos. Es tal el consenso ante temas fundamentales sobre las bases de la llamada “corrección política” que dar la espalda a las urnas (ataúdes de la Patria, las libertades y la decencia como hemos manifestado los carlistas) era la solución más lógica. Ahora toca organizarse para resistir sus acometidas y ganar la batalla diaria, con perspectiva y sin urgencias castrantes y claudicantes que llevan a negociarlo todo. “Ser es defenderse” a decir de Ramiro de Maeztu, el que deja de defender lo suyo pierde su identidad. Hay que desintoxicar desde la sociedad, aunque no sea tarea fácil. Pero para que se tenga un referente claro no podemos claudicar; máxime cuando el Carlismo representa la genuina Cataluña.
Los carlistas no nos arrimamos al sol que más caliente y seguimos pensando igual, usurpe quien usurpe la representación popular. El actual mapa nos hace intuir dos posibilidades o frente nacionalista (CiU y ERC) o un nuevo tripartit. Es una incógnita que carta jugarán los escaños de Ciutadans, formación que habrán votado muchos por su antinacionalismo sin tener en cuenta que en su programa figuraba también la necesidad de un mayor laicismo, como si no hubiese suficiente en el gobierno zapateril. Y como si no fuese suficiente para negarles el voto que entre sus promotores se encontrase el obstinadamente blasfemo Boadella, contra cuyas nefastas obras teatrales siempre ha reaccionado el sano pueblo catalán.
La desintoxicación de nacionalismo no vendrá de “fabulosas estrategias” pensadas en Madrid, ni de la copia de modelos jacobinos extranjeros. Vendrá del conocimiento y defensa de la verdadera Tradición catalana, la que nos hizo Principado próspero dentro de la unidad de las Españas con perfecta armonía en nuestras peculiaridades.
El pueblo donde antes se desarrollaron las libertades políticas cristianas, el pueblo desde dónde se enmendaron los errores filosófico-políticos del maquiavelismo, el pueblo catalán que ha levantado siempre sus cuatro barras y su espada para la defensa de la Fe Católica se merece mucho más que unos cuantos partidos mediatizados y presos de la finanza y corruptos a más no poder.

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