jueves, noviembre 30, 2006

El ridículo gubernamental español


La presentación de la Campaña del Consejo de Europa "contra la violencia que sufren las mujeres", fue aprovechada por Rodríguez Zapatero para hacer publicidad de la labor legislativa de su Gobierno, y para introducir una vez más su sesgada y deformante interpretación de la II República (1931-1936), de triste recordación. Se refirió a la aprobación del sufragio activo de la mujer "gracias al trabajo de la diputada Clara Campoamor", omitiendo que esta diputada centrista tuvo en 1936 que huir del Frente Popular, que la perseguía. Y que las diputadas del PSOE Victoria Kent y Margarita Nelken se opusieron con radicalidad y vehemencia a la concesión del voto a la mujer. Voto por el que, sin embargo, habían luchado muchos años antes carlistas como Juan Vázquez de Mella o María Rosa Urraca Pastor.


Además de que la legislación del actual Gobierno extrema la línea antifamiliar, antinatalista y favorecedora de la promiscuidad y de las perversiones que ha sido la constante del régimen democrático, ha insultado directamente la capacidad y la inteligencia de las mujeres españolas con su paridad obligatoria. Y a pesar de la ridícula grandilocuencia megalomana del Gobierno la violencia contra la mujer no desciende, sino que crece, contribuyendo los socialistas a engordar las estadísticas. Ejemplo paradigmático de ello es el socialista Jesús María Eguiguren, que actualmente es el encargado de las relaciones del PSOE con la banda criminal ETA. No han podido elegir mejor: un maltratador negociando con unos psicópatas.

Por su parte, el también frentepopulista presidente del Senado, Javier Rojo, "expresó un sentimiento de vergüenza por la persistencia de culturas que creen 'normal' la sumisión de la mujer al hombre", según la progubernamental Cadena SER. En el contexto de la "alianza de civilizaciones" (o, lo que es lo mismo, la promoción del Islam) ideada y promovida por Rodríguez Zapatero y su partido, tal afirmación es un sarcasmo. Porque el Gobierno español apoya y defiende las "culturas que creen normal la sumisión de la mujer al hombre", no sólo en el contexto internacional, sino dentro de nuestras fronteras, con la completa impunidad y el apoyo económico, educativo y mediático para los mahometanos. (Triste tarea de destrucción en la que acompañan a socialistas, comunistas, separatistas y populares no pocos sedicentes cristianos). En realidad, la única "sumisión" a la que ellos se oponen es la legítima jefatura que el cabeza de familia ejerce en la familia cristiana, a cuya extinción se aplican con afán los socialistas y sus aliados.